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MANIFIESTO DEL MUNDO RURAL Y DE LA CAZA

Con fecha de 20 de abril de 2020 un sector importante del Mundo Rural y de la caza conformado por todas las entidades que abajo figuran. Y todas aquellas que a posteriori se adhieran, junto con todos los equipos científicos y técnicos con los que cada una de ellas trabaja y colabora de forma permanente y temporal, ha remitido el MANIFIESTO DEL MUNDO RURAL Y LA CAZA que acompaña a esta nota de prensa, a las autoridades competentes.
miércoles, 22 de abril de 2020






MANIFIESTO DEL MUNDO RURAL Y DE LA CAZA

No extraña a nadie, por reiterativo, que determinados colectivos, que podríamos denominar “animalistas”, pretendan aprovechar cualquier momento para tergiversar la verdad y disfrazar la realidad, y todo ello, única y exclusivamente para intentar cumplir las ideas que enarbolan en aras a mantener su existencia y necesidad.

Es evidente que la situación por la que estamos atravesando (COVID 19) hace que determinadas actividades denominadas lúdicas y de ocio deban ser reguladas o suspendidas de forma que eviten contagios innecesarios restringiéndolas de acuerdo con los consejos sanitarios que son, en este momento, lo más importante.

Lo que es inadmisible es que se utilicen apelativos como los anteriores, para tildar a actividades como la caza, que ya ha quedado acreditada como actividad necesarias, pero no por el periodo del coronavirus, que lo único que hace es incrementar su necesidad sino durante cualquier periodo permitido porque la caza sigue siendo la mejor herramienta, por no decir la única, para gestionar, conservar y controlar la fauna salvaje considerada como cinegética.

La idea sigue siendo confundir a la población manifestando que la caza es un deporte. Rotundamente no. La caza no es ningún deporte y así ha sido declarado ya. Sin embargo, parece que siguen manteniendo esa afirmación porque se hace ejercicio físico o porque se debe estar en buena forma para el ejercicio de determinadas modalidades, eso sería tan absurdo como afirmar que la gente que trabaja en el campo son deportistas porque hacen muchos ejercicio físico en el desarrollo de su labor.

Les extraña que sean las Comunidades Autónomas las que puedan regular el ejercicio de la caza dentro de su territorio, no es que les extrañe o que les moleste, es que no les conviene. Al final, son los sectores de la agricultura y la ganadería los que solicitan la intervención de los cazadores y que ha sido apoyado por el Gobierno para minimizar el daño en sus cosechas o el ganadero en sus pastos e incluso en los piensos utilizados para alimentar al ganado.

Manifiestan ser sensibles frente a los casos en que se producen perjuicios a explotaciones agrícolas o pecuarias debidas a la fauna silvestre. No sabemos exactamente cuan sensibles son pero sin embargo están en contra de la herramienta más eficaz para el control de dichos daños que evidentemente es la caza.

El apoyo de la utilización de métodos alternativos ha sido un auténtico fracaso del que poco se les oye hablar. Quien no recuerda la famosa vacuna para esterilizar a las jabalinas de Cataluña y el éxito rotundo que manifestaban tener, éxito que terminó cuando empezaron a aparecer las hembras de jabalí esterilizadas seguidas de sus rayones. No sabremos exactamente cuanto costó esta maravillosa iniciativa.

O quizás debiéramos acudir a los magníficos resultados obtenidos por una de las asociaciones que apadrinaba el control de la cotorra monje argentina en Madrid. Donde las sustancias esterilizantes no tiene base científica que acredite que pueda afectar a los animales que están por encima de la cadena trófica. Tampoco creo que sepamos el coste real de este nuevo invento.

Siguen despistando en el escrito presentado cuando necesitan de un “análisis jurídico de la situación”, término que no acabamos de entender a pesar de nuestros esfuerzos, para llegar a una conclusión que parte de una equivocación äb initio” ya que lo que se tiene que permitir es una herramienta necesaria y reglada y, que además, en esta situación de coronavirus es más necesaria toda vez que deben protegerse, en mayor medida si cabe la actividad del campo, es decir la actividad rural.

Su defensa se basa de raíz en un error y volver a incidir en lo mismo es utilizar la reiteración que es lo que utilizan estos grupos a falta de argumentos.

Ya las preguntas que ellos mismo se hacen no tienen ni pies ni cabeza, la forma de acreditar los daños insultando a los perjudicados dudando de la credibilidad de sus manifestaciones y declaraciones además de acreditar un desconocimiento total y absoluto del campo.

También insultan al colectivo de cazadores manifestando que la falta de conejos en determinados lugares se debe a la presión de los cazadores, que flaca memoria cuando uno de los motivos ha sido la mixomatosis que se utilizó en su momento como “medio alternativo” en Francia para evitar ataques a cultivos y que ahora ha pasado a las liebres o la enfermedad hepática del conejo. Porque mienten torticeramente.

Solo recordarles a todos estos señores que los permisos por daños existían antes de la parición del COVID 19 y que lo único que se hizo fue suspenderlos lo que no ha hecho mas que acreditar su necesidad.

Para terminar, dejen de adjetivizar como lúdica una actividad que puede conllevar el agrado del que ejerce dicha actividad pues sería tan absurdo como que un abogado no pudiese defender a su representado con ganas.

Es por ello, que en ningún caso debe prohibirse la caza para aminorar los daños en explotaciones agrícolas y pecuarias y todo ello, por supuesto, manteniendo las indicaciones que las autoridades sanitarias y administrativas hagan cumplir para evitar los contagios.

Control Poblacional y Zoonosis

Las poblaciones de animales silvestres, principalmente las especies cinegéticas, constituyen un problema cuando las densidades son elevadas, ya que pueden provocar daños de consideración en la agricultura y ganadería, siendo además una importante fuente de difusión de enfermedades, propias de estas especies, a los animales domésticos y, en ocasiones también, con graves repercusiones para el hombre.

Algunas de estas enfermedades causan importantes problemas sanitarios, tanto sobre los animales de renta como sobre la salud pública, por consiguiente, están más que justificadas las razones por las que se debe practicar un exhaustivo control poblacional, seguimiento y vigilancia sanitaria de la fauna salvaje.

Las vías de transmisión e introducción de estas enfermedades en la salud humana pueden ser, por contacto (directo o indirecto) o por ingestión. Algunas de las más importantes son:

Bacterianas

Tularemia: liebre y roedores.

Salmonelosis: anátidas y otras aves.

Brucelosis: cérvidos, jabalíes y liebres.

Tuberculosis: cérvidos, jabalíes y tejón.

Enfermedad de Lyme: corzo.

Víricas

Rabia: zorro y lobo.

Parasitarias

Triquinelosis: jabalíes y liebre.

Equinococosis: zorro y lobo.

Los abajo firmantes adscritos al presente Manifiesto:

Ref.- Asociaciones de Caza Social y Gestión Cinegetica

Ref.- Tecnica: Doctor Jose Antonio Perez Garrido. Doctor en Veterinaria, Master Internacional en Gestión y Conservación de la Fauna Salvaje Euromediterranea. Miembro de la Academia de Ciencias Veterinarias de Castilla y León.

Ref.- Tecnica: D. Tomas Yanes, Empresario, Veterinario y Biologo, Sociedad Euromediterránea para la Vigilancia de la Fauna Salvaje (WAVES), Master en Gestion y Conservacion de Fauna Salvaje y Espacios Protegidos por la Universidad de León.

 

 

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